martes, 29 de septiembre de 2015

Ficha pj: Caemós Caelarum



§Datos básicos§

-Nombre: Caemós Caelarum.

-Edad: Desconocida. Aparenta unos veinte años.

-Género: Femenino.

-Especie: Ángel caído.

-Complexión: Delgada.

-Altura: 1'71 m.

-Orientación sexual: Bisexual.



§Rasgos físicos más llamativos§

-Cabello: Largo, liso, pelirrojo oscuro; generalmente, suelto.

-Forma del rostro: Ovalada.

-Ojos: Grises, levemente almendrados.

-Orejas: Pequeñas.

-Zona superior del torso: Poco abultada, pero sin llegar a ser lisa.

-Uñas: Cortas; a veces, pintadas con esmaltes llamativos.

-Manos y pies: Pequeños.

-Alas: Dos, grandes y negras; ante los humanos que son desconocedores de su verdadera especie las lleva ocultas y plegadas bajo la ropa.

-Ropa y calzado: No sigue ningún estilo concreto, suele combinarlos. No suele mostrar su escote o la parte superior de sus piernas.

-Complementos: Ninguno.

-Armas: Una katana de longitud media, con la empuñadura cubierta por cintas de cuero teñidas de añil y púrpura. Un arco de madera algo más pequeño que la media, pero igualmente efectivo, y un carcaj a juego con la empuñadura de su katana.



§Rasgos psicológicos§

-Personalidad: Melancólica, tolerante, paciente, curiosa, pacifista, decidida en sus objetivos. No rechaza a la gente, pero no se siente cómoda si está en un grupo numeroso para ella (unas siete o más personas). Si está de buen humor, es capaz de reír con cualquier cosa; si está de mal humor, suele ignorar a la persona que la ha enfurecido, alejarse de ella y/o llorar. Nunca emplea la violencia si puede evitarlo, pero le gusta entrenar con su espada, ya sea en solitario o con una persona con la que haya cogido confianza. Quiere ganar "puntos" para volver a ser un verdadero ángel, por lo que intenta evitar los enfrentamientos y las tentaciones carnales. A veces se ruboriza con facilidad. Cuando está asustada, acostumbra a quedarse paralizada por el miedo, mirando al suelo que hay bajo lo que la ha asustado.

-Intereses y aficiones: La lectura, el arte, escuchar música, cantar, pasear, la naturaleza, la comida, escribir, los animales.

-Cosas que no le gustan: La violencia, el caos, la intolerancia, lo amargo.

-Cosas que le son indiferentes: La política, la especie y orientación sexual de aquellos que están a su alrededor.

-Cosas/seres a los que teme: Los demonios puros y malévolos, los nigromantes, el poder, los impulsos que recibe de su propio cuerpo, ser vista ligera de ropa o directamente sin ella (aparte, se cabrea si lo es).



§Habilidades§

-Físicas: Gran velocidad, óptimo manejo de la espada y del arco, volar y planear, fuerza superior a la de un humano fuerte.

-Mágicas: Control sobre el viento.



§Otros rasgos llamativos§

Aunque siente un gran amor hacia los animales, no puede tocarlos debido a que es atacada por ellos si lo hace; ella piensa que es por su naturaleza de ángel caído.



§Historia§

Caemós nació en el cielo, en medio de una sucesión de desgracias. Al nacer, su madre falleció durante el parto, y su padre se suicidó poco después por la tristeza que lo embargó; él fue quien le puso su nombre, que nació del mal que lo iba consumiendo a grandes pasos [“kaemós” significa “tristeza” en griego]. Los mejores amigos de sus progenitores, una pareja más joven que ellos, la adoptaron y la criaron como si fuera su propia hija, cuidándola y dándole todo su cariño.



La infancia de este ángel fue feliz gracias a ellos. Todos los días le contaban cosas sobre sus padres, la llevaban a visitar los lugares preferidos de los cuatro y recorrieron juntos el reino en el cual vivían, y, a pesar de que ella quería estar con sus padres biológicos, quería a sus padres adoptivos con todo su corazón.



Sin embargo, un día esa felicidad se rompió. Durante uno de sus paseos, los tres fueron sorprendidos por uno de los demonios principales del infierno. Los segundos padres de Caemós fueron heridos de gravedad cuando la protegieron del ataque aquel quería infligirla. Al ver la niña las heridas que les había causado, una fuerte ráfaga de viento surgió desde ella, para sorpresa de todos, y alejó al demonio de donde estaban. Ella se encargó de buscar ayuda, de que llevaran a los heridos ante el curandero local y de que los arcángeles devolvieran al ser al lugar al que pertenecía, sin mencionar en ningún momento lo del viento que los había protegido.



Por suerte para todos, el ángel curandero logró sanar y curar sus heridas. Pero el incidente le provocó un trauma a la muchacha, que en aquel momento tenía diez años: desde entonces empezó a temer el infierno y a aquellos que moraban en él. Además, las habladurías que surgieron sobre el viento que, aunque ella había guardado para sí, circularon gracias a un par de curiosos que habían visto la escena desde sus hogares– hicieron que, a pesar de la valentía que había mostrado en aquel momento, los demás niños se alejaran de ella por si les hacía daño. Por ello, pasaba bastante tiempo sola, y descubrió que podía controlar el viento. Intentó ocultárselo a sus padres adoptivos cuando pudieron volver a estar juntos los tres: no lo consiguió, pero tampoco hubo ninguna represalia hacia ella por su parte.



El resto de su infancia transcurrió sin ningún incidente grave, para alegría de los tres. Entabló amistad con uno de sus compañeros de clase, el cual se convirtió poco a poco en su mejor amigo. Al entrar en la adolescencia, ambos comenzaron a entrenar juntos en la lucha con espadas y katanas y en usar el tiro con arco, y a estudiar juntos para los exámenes de clase. Durante uno de sus entrenamientos él le regaló a la joven una katana sencilla pero letal que adoptó como arma principal.



Aquel chico fue despertando en Caemós sentimientos y deseos que no había percibido nunca. Sus padres adoptivos, cuando se percataron de ello, la advirtieron de que aquello que sentía podía perjudicarla; no obstante, ella, que tenía diecisiete años y creía que estaban pasándose de precavidos, no hizo caso de aquella advertencia y empezó a salir en serio con su compañero de entrenamiento, haciendo con él cosas que ningún ángel haría, ni siquiera en privado.



Unos meses después, debido a algunas de las cosas que él había dejado caer en varias de sus conversaciones, la joven decidió descender al infierno, pues pensaba que al muchacho le encantaría que ella hiciera algo así. Craso error… Cuando llegó a aquel lugar, su novio la empezó a tratar con crueldad, revelando su verdadera forma de ser, totalmente contraria a laque le había mostrado en el cielo. La secuestró durante casi un año, durante el cual la chica fue utilizada como una esclava, en todos los sentidos, y estuvo a punto de ser empleada como sacrificio para el diablo; no lo fue gracias a su poder sobre el viento, que usó para inmovilizar a Satanás y al resto de demonios mientras corría para escapar de allí.



Regresó lo más rápido que pudo al cielo, llegando al anochecer,  pero los arcángeles que guardaban la entrada no le dejaron pasar debido al aspecto, tanto de su rostro como de sus alas –las cuales, por todas las penalidades que había pasado y todo lo que había sufrido, habían cambiado de color a un gris bastante oscuro– y al olor intenso a azufre que despedía. Ella intentó explicarles quién era y lo que había sucedido; sin embargo, aquello fue como hablarle a una pared, puesto que los guardianes no la reconocieron ni creyeron ni una palabra de lo que decía, y la obligaron a alejarse. La joven se escondió cerca del lugar por el que había entrado al infierno y esperó al cambio de guardia para colarse en el cielo discretamente. Entró en su antiguo hogar sin que nadie se enterara; empaquetó lo más imprescindible, incluyendo su arco, su carcaj y su katana, dejó una nota explicándoles a sus padres adoptivos todo lo que había sucedido, incluyendo su expulsión del cielo, y diciéndoles que nadie debía saber que ella había ido allí y se marchó con el último cambio de guardia nocturno. No se marchó con el que había más temprano porque decidió colarse en una biblioteca  para hallar una forma de bajar al mundo terrenal con el menor riesgo posible.



A la mañana siguiente los que la habían adoptado y querido como a su propia hija se despertaron oliendo levemente a azufre. Se asustaron, pues desde el incidente con el demonio aquel olor les provocaba un gran temor, y se acercaron al lugar del que provenía, una nota situada en su mesilla de noche. Reconocieron la letra de la muchacha y la leyeron juntos. Cuando terminaron, lloraron en silencio y destruyeron la nota para que su niña no fuera descubierta.



Mientras aquello sucedía en su casa, Caemós ya había bajado a la Tierra. Se refugió en un bosque situado junto a un lago, bastante apartado. Allí se aseó y vio que sus alas se habían vuelto totalmente negras, por lo cual lloró amargamente durante un largo rato. Después de vestirse con algo que ocultara sus alas, el ángel caído se dispuso a ir a la población más cercana.



Se convirtió en una nómada que viajaba de localidad en localidad trabajando como mercenaria, recolectora, cazadora de criaturas…, es decir, en aquello que pudiera permitirle sobrevivir y no dejar sus habilidades en el olvido, compaginándolo también con algún trabajo como reponedora, moza de almacén o dependienta. No solía congeniar con nadie, pero solía ayudar a cualquiera que pudiera necesitarlo. Tuvo algunos problemas cuando trató de sacar a pasear a los perros del alcalde de uno de los municipios por los que había pasado, puesto que los animales se alejaban de ella y le gruñían con una fiereza escasamente vista por el dueño; desde entonces mantuvo las distancias con los animales, tanto en misiones y encargos como en su vida diaria. Entrenaba con el viento y sus armas a escondidas tres o cuatro veces a la semana, por la noche, siempre que podía.



Muy lentamente fue recuperando parte de su personalidad de antes del secuestro, pero todo lo que le había sucedido en el infierno, así como algunos incidentes sucedidos durante las misiones, la marcaron, convirtiéndola en lo que es  ahora. Sigue recorriendo mundo, conociendo lugares y también a algunas personas, aunque no a demasiadas, y también entrena con sus armas para no perder la práctica.

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