§Datos básicos§
-Nombre: Caemós Caelarum.
-Edad: Desconocida. Aparenta unos veinte años.
-Género: Femenino.
-Especie: Ángel caído.
-Complexión: Delgada.
-Altura: 1'71 m.
-Orientación sexual: Bisexual.
§Rasgos físicos más llamativos§
-Cabello: Largo, liso, pelirrojo oscuro; generalmente, suelto.
-Forma del rostro: Ovalada.
-Ojos: Grises, levemente almendrados.
-Orejas: Pequeñas.
-Zona superior del torso: Poco abultada, pero sin llegar
a ser lisa.
-Uñas: Cortas; a veces, pintadas con esmaltes llamativos.
-Manos y pies: Pequeños.
-Alas: Dos, grandes y negras; ante los humanos que son
desconocedores de su verdadera especie las lleva ocultas y plegadas bajo la
ropa.
-Ropa y calzado: No sigue ningún estilo
concreto, suele combinarlos. No suele mostrar su escote o la parte superior de
sus piernas.
-Complementos: Ninguno.
-Armas: Una katana de longitud media, con la empuñadura
cubierta por cintas de cuero teñidas de añil y púrpura. Un arco de madera algo
más pequeño que la media, pero igualmente efectivo, y un carcaj a juego con la
empuñadura de su katana.
§Rasgos psicológicos§
-Personalidad: Melancólica, tolerante,
paciente, curiosa, pacifista, decidida en sus objetivos. No rechaza a la gente,
pero no se siente cómoda si está en un grupo numeroso para ella (unas siete o
más personas). Si está de buen humor, es capaz de reír con cualquier cosa; si
está de mal humor, suele ignorar a la persona que la ha enfurecido, alejarse de
ella y/o llorar. Nunca emplea la violencia si puede evitarlo, pero le gusta
entrenar con su espada, ya sea en solitario o con una persona con la que haya
cogido confianza. Quiere ganar "puntos" para volver a ser un
verdadero ángel, por lo que intenta evitar los enfrentamientos y las
tentaciones carnales. A veces se ruboriza con facilidad. Cuando está asustada,
acostumbra a quedarse paralizada por el miedo, mirando al suelo que hay bajo lo
que la ha asustado.
-Intereses y aficiones: La lectura, el arte, escuchar
música, cantar, pasear, la naturaleza, la comida, escribir, los animales.
-Cosas que no le gustan: La violencia, el caos, la
intolerancia, lo amargo.
-Cosas que le son indiferentes: La política, la especie y
orientación sexual de aquellos que están a su alrededor.
-Cosas/seres a los que teme: Los demonios puros y malévolos,
los nigromantes, el poder, los impulsos que recibe de su propio cuerpo, ser
vista ligera de ropa o directamente sin ella (aparte, se cabrea si lo es).
§Habilidades§
-Físicas: Gran velocidad, óptimo manejo de la espada y del
arco, volar y planear, fuerza superior a la de un humano fuerte.
-Mágicas: Control sobre el viento.
§Otros rasgos llamativos§
Aunque siente un gran amor hacia los animales, no
puede tocarlos debido a que es atacada por ellos si lo hace; ella piensa que es
por su naturaleza de ángel caído.
§Historia§
Caemós nació en el cielo, en medio de una sucesión de
desgracias. Al nacer, su madre falleció durante el parto, y su padre se suicidó
poco después por la tristeza que lo embargó; él fue quien le puso su nombre,
que nació del mal que lo iba consumiendo a grandes pasos [“kaemós” significa
“tristeza” en griego]. Los mejores amigos de sus progenitores, una pareja más
joven que ellos, la adoptaron y la criaron como si fuera su propia hija,
cuidándola y dándole todo su cariño.
La infancia de este ángel fue feliz gracias a ellos.
Todos los días le contaban cosas sobre sus padres, la llevaban a visitar los
lugares preferidos de los cuatro y recorrieron juntos el reino en el cual
vivían, y, a pesar de que ella quería estar con sus padres biológicos, quería a
sus padres adoptivos con todo su corazón.
Sin embargo, un día esa felicidad se rompió. Durante
uno de sus paseos, los tres fueron sorprendidos por uno de los demonios principales
del infierno. Los segundos padres de Caemós fueron heridos de gravedad cuando
la protegieron del ataque aquel quería infligirla. Al ver la niña las heridas
que les había causado, una fuerte ráfaga de viento surgió desde ella, para
sorpresa de todos, y alejó al demonio de donde estaban. Ella se encargó de
buscar ayuda, de que llevaran a los heridos ante el curandero local y de que
los arcángeles devolvieran al ser al lugar al que pertenecía, sin mencionar en
ningún momento lo del viento que los había protegido.
Por suerte para todos, el ángel curandero logró sanar
y curar sus heridas. Pero el incidente le provocó un trauma a la muchacha, que
en aquel momento tenía diez años: desde entonces empezó a temer el infierno y a
aquellos que moraban en él. Además, las habladurías que surgieron sobre el
viento –que, aunque ella había guardado
para sí, circularon gracias a un par de curiosos que habían visto la escena
desde sus hogares–
hicieron que, a pesar de la valentía que había mostrado en aquel momento, los
demás niños se alejaran de ella por si les hacía daño. Por ello, pasaba
bastante tiempo sola, y descubrió que podía controlar el viento. Intentó
ocultárselo a sus padres adoptivos cuando pudieron volver a estar juntos los
tres: no lo consiguió, pero tampoco hubo ninguna represalia hacia ella por su
parte.
El
resto de su infancia transcurrió sin ningún incidente grave, para alegría de
los tres. Entabló amistad con uno de sus compañeros de clase, el cual se
convirtió poco a poco en su mejor amigo. Al entrar en la adolescencia, ambos
comenzaron a entrenar juntos en la lucha con espadas y katanas y en usar el
tiro con arco, y a estudiar juntos para los exámenes de clase. Durante uno de
sus entrenamientos él le regaló a la joven una katana sencilla pero letal que
adoptó como arma principal.
Aquel
chico fue despertando en Caemós sentimientos y deseos que no había percibido
nunca. Sus padres adoptivos, cuando se percataron de ello, la advirtieron de
que aquello que sentía podía perjudicarla; no obstante, ella, que tenía
diecisiete años y creía que estaban pasándose de precavidos, no hizo caso de
aquella advertencia y empezó a salir en serio con su compañero de
entrenamiento, haciendo con él cosas que ningún ángel haría, ni siquiera en
privado.
Unos
meses después, debido a algunas de las cosas que él había dejado caer en varias
de sus conversaciones, la joven decidió descender al infierno, pues pensaba que
al muchacho le encantaría que ella hiciera algo así. Craso error… Cuando llegó
a aquel lugar, su novio la empezó a tratar con crueldad, revelando su verdadera
forma de ser, totalmente contraria a laque le había mostrado en el cielo. La
secuestró durante casi un año, durante el cual la chica fue utilizada como una
esclava, en todos los sentidos, y estuvo a punto de ser empleada como
sacrificio para el diablo; no lo fue gracias a su poder sobre el viento, que
usó para inmovilizar a Satanás y al resto de demonios mientras corría para
escapar de allí.
Regresó
lo más rápido que pudo al cielo, llegando al anochecer, pero los arcángeles que guardaban la entrada
no le dejaron pasar debido al aspecto, tanto de su rostro como de sus alas –las
cuales, por todas las penalidades que había pasado y todo lo que había sufrido,
habían cambiado de color a un gris bastante oscuro– y al olor intenso a azufre
que despedía. Ella intentó explicarles quién era y lo que había sucedido; sin
embargo, aquello fue como hablarle a una pared, puesto que los guardianes no la
reconocieron ni creyeron ni una palabra de lo que decía, y la obligaron a
alejarse. La joven se escondió cerca del lugar por el que había entrado al
infierno y esperó al cambio de guardia para colarse en el cielo discretamente.
Entró en su antiguo hogar sin que nadie se enterara; empaquetó lo más
imprescindible, incluyendo su arco, su carcaj y su katana, dejó una nota
explicándoles a sus padres adoptivos todo lo que había sucedido, incluyendo su
expulsión del cielo, y diciéndoles que nadie debía saber que ella había ido
allí y se marchó con el último cambio de guardia nocturno. No se marchó con el
que había más temprano porque decidió colarse en una biblioteca para hallar una forma de bajar al mundo
terrenal con el menor riesgo posible.
A
la mañana siguiente los que la habían adoptado y querido como a su propia hija
se despertaron oliendo levemente a azufre. Se asustaron, pues desde el
incidente con el demonio aquel olor les provocaba un gran temor, y se acercaron
al lugar del que provenía, una nota situada en su mesilla de noche.
Reconocieron la letra de la muchacha y la leyeron juntos. Cuando terminaron,
lloraron en silencio y destruyeron la nota para que su niña no fuera
descubierta.
Mientras
aquello sucedía en su casa, Caemós ya había bajado a la Tierra. Se refugió en
un bosque situado junto a un lago, bastante apartado. Allí se aseó y vio que
sus alas se habían vuelto totalmente negras, por lo cual lloró amargamente
durante un largo rato. Después de vestirse con algo que ocultara sus alas, el
ángel caído se dispuso a ir a la población más cercana.
Se
convirtió en una nómada que viajaba de localidad en localidad trabajando como
mercenaria, recolectora, cazadora de criaturas…, es decir, en aquello que
pudiera permitirle sobrevivir y no dejar sus habilidades en el olvido,
compaginándolo también con algún trabajo como reponedora, moza de almacén o
dependienta. No solía congeniar con nadie, pero solía ayudar a cualquiera que
pudiera necesitarlo. Tuvo algunos problemas cuando trató de sacar a pasear a
los perros del alcalde de uno de los municipios por los que había pasado,
puesto que los animales se alejaban de ella y le gruñían con una fiereza
escasamente vista por el dueño; desde entonces mantuvo las distancias con los
animales, tanto en misiones y encargos como en su vida diaria. Entrenaba con el
viento y sus armas a escondidas tres o cuatro veces a la semana, por la noche,
siempre que podía.
Muy
lentamente fue recuperando parte de su personalidad de antes del secuestro,
pero todo lo que le había sucedido en el infierno, así como algunos incidentes
sucedidos durante las misiones, la marcaron, convirtiéndola en lo que es ahora. Sigue recorriendo mundo, conociendo
lugares y también a algunas personas, aunque no a demasiadas, y también entrena
con sus armas para no perder la práctica.
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