-Apariencia:
•Edad: 22.
•Altura: 1'59 m.
•Raza: Humana convertida en demonio.
•Constitución física: Media.
•Color de ojos: Verde / rojizo (al pelear).
•Color de piel: Tostado claro.
•Pelo: Liso, media melena, castaño oscuro.
•Rasgos destacados: Marca negra con forma de pentagrama en el hombro, colmillos algo afilados.
-Ropa y complementos:
•Vestimentas: Normales, con un leve toque llamativo a veces.
•Complementos: Ninguno habitual.
•Armas: Dos katanas.
-Habilidades:
•Cualidades físicas: Gran velocidad y fuerza.
•Magia: fuego, hielo, agua, curativa, luz.
-Historia:
Leticia Uchiha nació en el seno de una familia de cazadores de seres sobrenaturales. Su vida era tan tranquila como la profesión de sus padres les podía permitir. Ellos eran respetados y muy queridos por los habitantes del pueblo en el que vivían.
Cuando ella alcanzó la edad de once años le enseñaron el oficio familiar. La chiquilla aprendía de forma rápida, y al final de su educación hicieron que los acompañara y ayudara en algunas de las misiones que les encargaban, y le regalaron su primera espada, que aún posee, un arma fina y ligera, pero letal.
Pero aquello no les sirvió de nada un tiempo después de acabar el entrenamiento de la joven. El día de su decimocuarto cumpleaños estaban durmiendo tranquilamente cuando, en medio de la noche, se despertaron de repente, sintiendo una presencia non grata en su casa. Los tres bajaron al piso de abajo con el mayor sigilo posible; sin embargo, los intrusos eran dos vampiros sedientos de sangre, por lo que oyeron sus débiles pisadas y se lanzaron directamente a las yugulares de los padres de la muchacha. Ella, invadida por el pánico, presenció la horrible escena acurrucada en un rincón, abrazando la espada enfundada sin poder apartar la vista de las dos criaturas. Ambos se dirigieron hacia ella, pero algo en su mirada, rebosante tanto de miedo como de determinación, hizo que se marcharan del lugar tras susurrar un "Volveremos a por ti" cargado de amenaza y hostilidad.
Tras ello y después de unos días, Leti decidió irse de casa. Guardó lo imprescindible en una mochila, así como algunas provisiones y dinero, se enfundó su espada y se marchó del lugar. Vagó por el mundo durante varios años, descansando en los pueblos y ciudades en los que aceptaba misiones, entrenando a escondidas de los vecinos y ganándose el respeto e incluso la admiración de aquellos con los que trababa amistad debido a su trabajo como cazadora de criaturas sobrenaturales, y logró vengarse de los dos vampiros que asesinaron a sus padres. Aun así, nunca conseguía sonreír del todo, ya que echaba de menos el apoyo y cariño de sus padres.
Cinco años más tarde, unos meses después de cumplir diecinueve años, llegó a un pequeño pero encantador pueblo de cazadores, como ella. Allí conoció a una persona que cambió su vida: Drakk. Una de las noches en las que ella volvía de una misión acabó herida, y él, con quien ya había hablado alguna vez, se quedó en la posada en la que estaba para cuidarla. Él le dio a elegir entre ser su novio y su padre adoptivo, y ella escogió lo segundo, ya que no se sentía preparada para tener una relación con nadie.
Desde entonces ambos colaboraron en las misiones que les encomendaban. Durante una de ellas la chica fue atacada y desangrada por un vampiro hasta el punto de que, si dejaban pasar unos días, se convertiría en vampira, y eso era algo que ella no podía soportar. Entonces Drakk le contó algo que dio un giro absolutamente inesperado a su vida: él era un demonio poderoso y podía salvarla de convertirse en lo que más aborrecía, pero a cambio tendría que convertirse en una demonio. Ella lo pensó a pesar del dolor y asintió, sin saber lo que aquello acarrearía a su vida.
Tras aquello, su nuevo padre la entrenó para que controlara sus poderes, y en otra de las misiones obtuvieron una katana que Drakk le pidió a ella que se quedara.
Después de eso siguieron yendo de misiones, juntos y por separado, incluso cuando el pueblo de cazadores cayó en desgracia y desapareció. Parecía que todo iba bien, pero algo que Leti no se esperaba ocurrió: su padre adoptivo rompió una de sus promesas e intentó besarla y meterle mano sin tener en cuenta lo mucho que le dolía a ella ver que la persona a la que ella consideraba un verdadero padre la tratara así.
Tiró el colgante que representaba sus promesas, y lo apartó de su lado y de su vida, haciendo caso omiso a aquellas personas que decían que él se arrepentía profundamente de aquello y a los mensajes que él le enviaba, pues en éstos podía ver la verdad: que volvería a intentarlo si tenía la oportunidad de hacerlo. Al verse rechazado, él empezó a insultarla, y ella lo ignoró, sabiendo que, como le había contado una de sus hermanastras, volvería a cebarse en otra sin importarle el daño causado.
Al cabo de un tiempo ella encontró el colgante de nuevo y lo guardó, no por los buenos recuerdos que pudiera traerle, sino para recordar el daño que puede llegar a causar una persona en un ser supuestamente amado. Al ir a guardarlo, descubrió en donde fue a esconderlo un cofre que ni recordaba que había recibido: en él se encontraba el corazón de Drakk; guardó ambas cosas juntas con el mismo significado.
Desde entonces ella está encerrada en su antiguo hogar, sin saber qué hacer. La alegre, astuta, precavida y algo ingenua joven dio paso a una mujer desconfiada, no tan alegre ni ingenua pero sí más precavida aún que antes, y que no cree en las familias adoptivas. Sale de vez en cuando a cumplir alguna misión, pero ya no se molesta mucho en entablar conversación, y menos aún en tratar de relacionarse con nadie. Puede sonreír como hacía antes de que “aquello” ocurriera, sí..., pero solamente en apariencia: sus ojos no acompañan a esa sonrisa, por muy luminosa que parezca. Sigue utilizando la katana que le regaló su antiguo padre adoptivo, aunque cada vez la emplea menos en favor de la que le regalaron sus verdaderos padres antes de morir.
"Si alguien a quien llegué a considerar un padre pudo traicionarme de esa manera... ¿quién sabe lo que podría llegar a hacerme un hermano o un amigo?".
No hay comentarios:
Publicar un comentario